martes, 28 de junio de 2011

Fuck(simil) 18 - Escribe: El Titán

—¿Excelencia? —preguntó sorprendido pero para nada honrado.
—Sí, su santidad. Y conste que todo fue una gran prueba, el disparo, la golpiza, las putas, el ácido e incluso el viejo. Necesitábamos saber si usted podría aguantar los embates de la vida, la calle, el frío de la existencia. Ahora el mundo será suyo y después, uno a uno los cielos irán cayendo, rendidos ante su presencia, oh poderoso señor.
Emilio se sabe importante pero algo le huele mal. De pronto, estos huraños buenos muchachos (la película de Scorsese se le viene a la mente de forma violenta), que lo habían arrastrado a la vergüenza de una pelea perdida, que lo habían obligado a saborear su propia sangre, ahora lo levantan como a un dios, le limpian las heridas, le dan plata para que se tome un taxi (el jefe lo acompaña), lo hacen ir al centro, a un edificio de cristal como el templo de una corporación.
¿Sería irresponsable abusar de este nuevo poder? ¿O mejor sería esperar, ver qué pasa, congeniar más con esta gente extraña pero violenta? —y por ende necesaria—.
El taxi rápidamente deja el puerto como un mal recuerdo. El jefe está sentado a su lado y lo mira con admiración. No se atreve a hablar. No sabe qué hacer en realidad, es nuevo en este negocio de ser ídolo, numen, deidad de carne.
—¿Problemas, maese? —pregunta el jefe.
Silencio.
Y se decide:
—No, solo estoy pensando la manera de cagarte bien a trompadas por todo lo que me hiciste sin la necesidad de usar mis manos…
Silencio.
Y el taxi que ya rasguña el empedrado del centro…

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Paraiso Perdido

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