
Frutas de Adanes que no cometieron pecados llueven quietas sobre los cuerpos de una Eva descomunal que sueña con un mundo donde ella es una costilla arrancada de barro amorfo y divino. Un mundo matematicamente improbable.
Sigue la contienda que iniciaron los padres de los dioses...


Un tren jugando con camiones, corren carreras y se ensucian en los barros de una montaña grotesca que cree dormir pero que en realidad esta muerta y alejada de los planos llamados normales.

Soy placer. Soy caos. Soy carne hecha alma o alma hecha carne. Soy tu dulce sangre y los pecados que esconde. Soy tu risa y todas las heridas de espada que te causaste. Soy tus siglos de guerra y tus imperios exquisitos, los caminos pavimentados de oro y de miseria y de hambre. Soy tus ideologías baratas y tus cantos vacíos y tus sinfonías hermosas. Soy tu llanto y tus orgasmos. Soy la mano que te guía hacia el verdadero paraíso, ese que tiene mala fama porque quema y corta y deprava (en realidad el Infierno-Paraíso es un lugar utópico, es un no-lugar, un vacío de dulces sueños silenciosos, la nada misma). Soy una célula de Dios, soy una piedra preciosa en el carro de los ángeles hipócritas, de los ángeles esclavos. Soy el que decidió ser libre pero quedó encadenado a tu sombra. Soy el que te hace gritar cuando tu propio error te condena. Soy tu hiel y tus entrañas de basura. Soy tu alma hecha alma-carne. Soy el reflejo de un mundo que no está (esto se explica porque el mal no es humano, se da en otro orden de ideas, en otras realidades que no comparten la esencia de este mundo). Soy tu hogar. Soy tu contradicción. Soy un beso en tus labios lúbricos. Soy el que te hace caer y el que te hace creer que podés levantarte. Soy la última excusa de Dios. Soy una pluma y una espada sobre tu escritorio de hierro. Soy tu fin, tu propósito... soy vos...

I
En este mundo abstracto escribo con diamantes. Mis lápices son rojos como el trueno que quiebra las bóvedas, como la sangre de los Titanes que bebieron del polvo mucho antes de la caída del Cielo. Y en esta absoluta soledad, donde la lluvia no me acaricia y el Tiempo es una cortina de humo que se va deshaciendo, pierdo las ganas de ser alguien, de mirar el mundo de afuera, donde la Vida agita su cola verde. Estoy solo y así quiero deshacerme de esta no-piel, de esta existencia que se esfuerza por estar sin estar, escribiendo con las lágrimas de aquellos que apenas silbaron, de aquellos que apenas contemplaron los reinos del Sueño.

Es la Realidad un puente borracho, un juego de Dioses de cristal, mi pasaje hacia mundos imposibles o tuertos, toscos como desiertos, atmósferas prohibidas saturadas de polvo venenoso; o jardines exquisitos donde Platón continúa emborrachándose junto a Eros, Afrodita y al Demiurgo; donde se fuman las nubes y se queman los códigos de antaño, donde los bosques son fiestas verdes (un roble toca el corno y un ciprés deleita con su flauta) y el mar es una sabana suave que tapa Tritones que sueñan con política y muros ridículos. Sé que vi estos mundos pero no por la intervención de algún polvo raro; los vi acá, en este orden de cosas, cuando el Caos se entretiene en mover los átomos y la oscuridad devela formas que no son formas, que son fondos o mejor ventanas puertas, atisbos de realidades mucho más sutiles y sublimes. Porque no estamos solos. Desde siempre Dios estuvo acá jugando a las escondidas(a veces se pone una máscara roja que tiene unos cuernos como torres derruidas) o moviendo piezas en el gran tablero del mundo (léase Universo: planetas galaxias asteroides razas singularidades vacío polvo estelar anillos lunas soles naves cielos auroras guerras). Dios es un gran jugador, y un torpe soñador. Mientras crea se duerme y a veces sus sueños son mundos certeros, palpables, mundos que respiran y que parecen nacer de explosiones cósmicas inexplicables pero que en verdad nacen de sueños efímeros y erráticos. Los habitantes de esos mundos, ignorantes como lo son los seres hechos de ilusión, creen en dioses y en destinos y en oráculos, y por eso queman incienso y van a la guerra y gritan a los cielos cuando están por irse a dormir (ellos cuando sueñan también son dioses) y piden perdón y mueren con un temor que es como un abismo. Pero al final la realidad es que no hay realidad, la verdad: no hay verdad. Porque podemos ser reales o no, pero no importa; podemos ser un sueño dentro de un sueño dentro de un sueño dentro de un pensamiento dentro de la cabeza de un habitante de un mundo donde las gárgolas van al baño y los Ángeles se ensucian las alas. No importa. Me gusta soñar, pienso que estoy creando un mundo perfecto (¡Qué brillantes las ciudades y los campos y la gente y los cielos y los dioses!) y no necesito ningún polvo raro para olerlo para tocarlo para degustarlo para oírlo para verlo para pensarlo…

III
Los dioses están ahí, en las estrellas. Sus palacios hechos de luz son más hermosos que cualquier cosa. Y desde allí juegan. Juegan con los mortales. Las casas de las razas finitas son los planetas de roca-y algún que otro planeta gaseoso-. Los Eelöi(las razas finitas) viven su existencia tratando de entender el juego de sus amos. Pero nunca podrán entenderlo. Por eso es tan difícil la vida mortal. Por eso las razas inteligentes solo esperan que su existencia sea corta, para así poder emigrar al Más Allá, hacia el último universo, donde el placer es la única realidad. De allí que la guerra sea una constante entre los Eelöi…
VII
El primer rey humano se llamó Hes, y era hijo de Ann y Her. Su reino se levantó en medio de Pangea, cerca de la tierra de desiertos. Era una zona fértil y de frondosos bosques, atravesada por un río que moría en el mar oriental. Este reino comenzó a crecer y pronto tuvo mil habitantes. Era próspero y pacífico, ya que los humanos todavía no conocían el odio. Un día Hes decidió desposar a la hija del rey de los Elfos (raza semidivina hecha de luz) llamada Hilönna. Todo estuvo bien, por un tiempo. Las dos razas convivieron en paz y juntos fueron descubriendo la tierra que los contenía. Exploraron los mares, las tierras de desiertos, los altos bosques de Gardd y descubrieron nuevas razas para comerciar. Pero en el día 300.000 después de la Creación, Dërium no pudo contenerse más. Quiso ser lo que tenía que ser, quiso cumplir la voluntad de Aquel que Ordena. Y sembró el odio entre las razas. Ese día Hilönna sintió un deseo enfermizo por un Silfo (ser mitad humano mitad elfo) y consumó su crimen en los mismísimos bosques del palacio real. Hes los vio y ordenó que los asesinasen de una manera horrible (el silfo fue arrojado del Monte Lär y a Hilönna la tiraron a los Duendes Hormigas). Ambas razas (elfos y silfos) pidieron explicaciones pero el rey humano no las dio (se veía la lengua de Dërium detrás de todo aquello). Y entonces el día 300.010 comenzó la primera guerra que sacudió los cimientos del planeta Tierra…
XXX
…y avanzan los árboles
Quieren saber el color de la sangre humana,
Quieren probar el sabor del cerebro del Hombre.
Por primera vez, el metal habla.
Por primera vez, la magia asesina.
Rodean la ciudad los ejércitos de oro de Silfos y Elfos y Enanos y Silvanos y Ninfas y Centauros.
Sostienen su mundo de metal y madera, su ciudad divina, Humanos y Sátiros y Ángeles y Ogros y Faunos y Ejeridës y Príapos y Fiöllos.
Se odian las razas con fuego y acero.
Se odian y Dërium ríe con una carcajada de trueno…
(La Hesiada, canto II, edición de Zer, 2009 D.L.C.)
El puerto es el típico cliché. Mucha mugre, muchos marineros cansados o ebrios, muchas putas, muchos barcos esperando otra vez el dulce beso de las aguas internacionales.
Él busca una casilla. La encuentra.
Está como siempre, hambrienta y débil; solo una puerta y un agujero cuadrado que quiere llamarse ventana pero no le da el cuero. Rodeándola, mucha basura y las aguas empetroladas del muelle 20.
Allí vive El Oráculo (Balbino, para los amigos).
Es más viejo que el puerto... y que la playa... y que la arena de la playa. Sabe de todo (en una época concursó para ser dios pero le ganó un ángel que tenía contactos.) Es la clase de ser que puede ayudarlo.
-¿Cómo andás, Balbino? Te traje caña-.
-¿Qué hacés varón? Hace rato que no te veo. Gracias, che. Me encanta que me traigan ofrendas-.
-Necesito que me ayudes a vivir... Hace poco hasta quise matar a alguien! Quiero que me ayudes a encontrarle un sentido a esta vida. Después de todo, vos participaste en la construcción de este mundo... -.
-Epa, no empieces a echarme la culpa. Los perdedores como vos son responsables de sus propias derrotas. Igual, tranquilo. Sentate que hablamos ¿Querés unos mates?-.
-Dale, Balbino-.


I
Entró a su casa, sin ganas, deseando morir. Suerte que su esposa deseara lo mismo: esa noche preparó una rica cena envenenada para dos.
II
Entró a su casa, sin ganas, deseando morir. Suerte que lo esperase adentro, con una 45, su enemigo de toda la vida.
III
Entró a su casa, sin ganas, deseando morir. Lástima que estuviera condenado a ser eterno.


La música se cuela por la ventana de neón y yo ya no soy un Ser, soy un pedazo de Caos rostizado, un átomo suelto en la Avenida de Los Dioses, un juguete tirado en un rincón sucio de una casa donde ya los niños se asustaron con la muerte. Pero intento volver a ser, intento volver a las miserias de este mundo que descuidamos, este mundo que no merece la presencia de estos seres de humo-petróleo, de baratijas gastadas, de sistemas inútiles, de dioses de odre: estos Seres Humanos. Quiero volver pero la música me arrastra, lo abstracto dejándome en las puertas de la percepción, más allá de las convenciones que son tan innecesarias. Los impulsos desnudos tirando las cadenas de la razón. El cielo desgarrado sin dioses violentos, sin industrias de plomo, sin leones machistas, sin falos de oro, sin miedos, sin dagas borrachas, sin sangre de agua. Pero quiero volver igual. Quiero volver al infierno cotidiano. Porque uno tiene que aceptar su condena. Música, por favor, andate, y dejame con este desierto de vanidades…

X
La droga lo elevaba, por encima de todo y de todos. Le daba alas de papel, de algodón, de tiernas nubes lisérgicas. Cuando miraba la ciudad desde ese lugar alcanzado, la veía multicolor, las calles como atardeceres de fuego y los edificios como torres de marfil. Se olvidaba del mundo y de sus asperezas, de la gente y de sus crímenes. Las palabras fluían como la sangre de las musas y copulaban entre ellas sobre colchones de risas. El lenguaje, en síntesis, devenía en un juego no-lógico, hasta mágico. Pero un día, la locura lo venció. Quedó atrapado entre muros indestructibles. Su cuerpo era un objeto inerte y su personalidad, un licuado asqueroso. Finalmente, la parca llegó con un sabor de sobredosis, con una jeringa en vez de la guadaña. Quizás la muerte sea el último delirio.
XI
Al despertar, lo aplastó el peso del día. El sol que entró por la ventana lo acuchilló con millones de cuchillos de oro. Él hubiese preferido morir asfixiado por el licor de la Luna…
XII
El callejón era tan asqueroso que ni los perros lo frecuentaban. Estaba detrás de una cantina de mala muerte, de esas que parecen templos dionisiacos. Allí, en ese purgatorio urbano, Edgar Allan Poe, cansado del delirium tremens, de los demonios de este mundo que nada tiene de poético, y esperando con ansias o resignación el abrazo de su amada ninfa de la muerte, comenzó el descenso que lo llevaría a la eternidad…

I
Cargada de emociones y de manzanas, la serpiente se arrastró hacia el jardín primigenio.
II
Solo sé que no sé nada. Si fuera cierto, no sabría ni siquiera que sé algo, nada.
III
Anoche firmé un contrato con mi alma: pactamos que cuando todo se apagase permanecería así para siempre.
IV
Una brana es solo un ser humano tan pero tan colosal que dentro de él burbujean galaxias y vacíos.
V
-Hola-le dice Sófocles a Walt Disney. Este le responde: “el universo es una caja de cristal dibujada con crayones.” Una imagen del Caos.
VI
Yo me pierdo en los recovecos de las composiciones de Philip Glass. Son como bosques deliciosos.
VII
El primer anarquista fue Adán. Supo que era un Yo y no soportó la opresión del Barbudo.
VIII
Inconciente es el nombre de la organización mafiosa más eficiente que existe.
IX
Un día probé una fruta. Me dijeron que se llamaba fagot. Desde esa vez no puedo vivir sin sus zumos graves.
X
Solo sé que puedo dudar de mi saber. Esa me gusta más.

En el principio, Caos bebía toneladas de barriles de alcohol puro. En un momento (en un no-momento pues no existía el tiempo), el licor tomó por asalto su cerebro caótico, sus sinapsis hechas de no-materia, y se durmió. Sus sueños fueron horribles, pesadillas extrañas. Soñó con un supuesto orden, con estrellas y planetas y millones de razas capaces de amar y de odiar y de emborracharse peor que él. Fue una suerte que al despertar encontrara a su No-Universo tan caótico como siempre...
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VII
Ya no sabe si es por sus hijos o por sus padres o por él mismo que lo hace. La cuestión es que se encuentra corriendo, por una calle de caras sin sangre que se apartan a su paso, con un fangote de dinero y un arma entre sus ropas. Recuerda cuando todo empezó, tenía diez años y soñaba con jugar en las inferiores de algún club; recuerda a esos amigos que lo iniciaron en el ritual de la delincuencia; recuerda los oscuros e indignos momentos dentro de un penal; recuerda los golpes del monstruo al que llamamos sociedad. Y mientras tanto, sigue en su carrera. Tal vez ya los perdió. Debería haberse drogado, así tal vez ni el miedo ni los recuerdos lo estarían molestando. Se acabó. Es hora de dejar esto, es hora de tener una vida “normal”. Sino un día tal vez no vuelva. Piensa en sus hijos. Alejandra, Martín. Pero el sabor de esos nombres no fue pleno. Una bala azul, certera y tramposa, lo invita a la oscuridad destinada a todos los Hombres. Su cuerpo cae en medio del empedrado gris. Más tarde los forenses se mofarían de ese pobre diablo, como de todos. Una bolsa negra más…
VIII
Otro día pesado. Más bien, otro día con sabor a Infierno. Y la noche que cae no es un medicamento, no es la solución, no es una cama-Leteo. Es lluvia de amarguras, de pensamientos amargos. Ya no soporta más. Tal vez la muerte sea el olvido, como dicen. Qué bien le vendría un baño de olvido, de no-sensación que refresca. Por eso agarra el arma con fuerza, sin dudar; la última llave, la puerta de plomo. Se irá. Ojalá del otro lado no haya nada que lo espere. Solo, nada.
IX
El cabo Jiménez corre tras el malhechor. El tipo acababa de afanar una fiambrería. De casualidad Jiménez estaba allí, comprando un poco de mortadela y queso. Luego, iría para su casa, con los suyos. Y entonces, el asalto. Qué trabajo de mierda, se dice. Por qué no entré a estudiar Derecho. Por qué cornos decidí dedicar mi vida a una orgía de miserias (esto no lo piensa en realidad, es pensado por su yo platónico en la desnudez de un mundo superior). Sus pasos lo acercan al delincuente. El arma, como siempre, quiere cumplir su propósito.
-¡Alto, policía!-grita, como una formalidad.
El delincuente se da vuelta y lo enfrenta y, lamentablemente, es mucho más rápido. El plomo besa sus entrañas, se adueña de su corazón y le desata la vida con dedos grises. Cae y seguramente su viuda lo llorará y tendrá todos los meses la pensión, la magra pensión que costó un cadáver…

Gracias Ygriega, diosa de las Letras. Otro premio más. Otra realización. Otra caricia en el alma.
Aquí van los premiados (no voy a ser muy original)
A Eli, por sus letras y sus esfuerzos.
A Juan Pablo, para Incentivarlo a que escriba más.
Y a Dragón de Azucar, por sus textos de Sci-Fi.
A todos, en fin, mis lectores...

PD: la foto de la Luna es de la NASA y la otra es Shaila, la mejor amiga del Hombre...