
Soy placer. Soy caos. Soy carne hecha alma o alma hecha carne. Soy tu dulce sangre y los pecados que esconde. Soy tu risa y todas las heridas de espada que te causaste. Soy tus siglos de guerra y tus imperios exquisitos, los caminos pavimentados de oro y de miseria y de hambre. Soy tus ideologías baratas y tus cantos vacíos y tus sinfonías hermosas. Soy tu llanto y tus orgasmos. Soy la mano que te guía hacia el verdadero paraíso, ese que tiene mala fama porque quema y corta y deprava (en realidad el Infierno-Paraíso es un lugar utópico, es un no-lugar, un vacío de dulces sueños silenciosos, la nada misma). Soy una célula de Dios, soy una piedra preciosa en el carro de los ángeles hipócritas, de los ángeles esclavos. Soy el que decidió ser libre pero quedó encadenado a tu sombra. Soy el que te hace gritar cuando tu propio error te condena. Soy tu hiel y tus entrañas de basura. Soy tu alma hecha alma-carne. Soy el reflejo de un mundo que no está (esto se explica porque el mal no es humano, se da en otro orden de ideas, en otras realidades que no comparten la esencia de este mundo). Soy tu hogar. Soy tu contradicción. Soy un beso en tus labios lúbricos. Soy el que te hace caer y el que te hace creer que podés levantarte. Soy la última excusa de Dios. Soy una pluma y una espada sobre tu escritorio de hierro. Soy tu fin, tu propósito... soy vos...