
I
Entró a su casa, sin ganas, deseando morir. Suerte que su esposa deseara lo mismo: esa noche preparó una rica cena envenenada para dos.
II
Entró a su casa, sin ganas, deseando morir. Suerte que lo esperase adentro, con una 45, su enemigo de toda la vida.
III
Entró a su casa, sin ganas, deseando morir. Lástima que estuviera condenado a ser eterno.