martes, 27 de mayo de 2008

Microcosmos VII



I
La vida no es una fiesta; la fiesta fue antes pero la resaca nos impide recordar algo.

II
Un astronauta en una nave de acero que orbita el planeta observa hacia abajo. Ve nubes de plomo y océanos como bloques de cemento y unos insectos que se creen dioses manipulando los fuegos de la ciencia. Vomita. Y decide irse al carajo.

III
El único que creó microcosmos exquisitos fue Bartók.

IV
Marlëk y su escudero llegaron cansados luego de un viaje de arenas y arroyos titánicos. Como no había nada para apagar la sed del hambre, Marlëk se comió a su escudero.

V
César se sintió vacío el día que lo apuñalaron. Un vacío de puñales y de imperios y de legiones que no sirvieron para nada.

VI
Dios abraza a la Tierra o la acaricia. Sus manos son humo tóxico que asfixia a los humanos.

VII
El Imperio llegará a su fin y la Humanidad no necesitará más estructuras supraindividuales. Pero cuando llegue ese momento, todo será un lindo recuerdo.

VIII
Un día viajé en el tiempo. Fui hacia el futuro, un par de años nomás. Me asusté tanto- mi alma sintió una pulsión de caos y mi cuerpo se abandonó en la nada-que decidí regresar a la mejor época posible: aquí y ahora.

IX
Las Ideas tienen el sabor de la sangre o de la derrota. El mundo de las Ideas no está más allá; está más acá, en el barro.

X
Cuando despertó, el dinosaurio todavía estaba allí.
Cuando despertó, el ángel todavía estaba allí.
Cuando despertó, el mundo se quebraba.
Cuando despertó, el infierno escupía almas.
Cuando despertó, la luna todavía reía.
Cuando despertó, le hizo el amor a su amante…

lunes, 19 de mayo de 2008

La Muerte de Pan


El bosque estaba en paz. Su silencio verde era perfecto, los árboles meditaban sobre el mundo mientras sorbían la atmósfera de jade y las ninfas dormían tiernas siestas, soñando con amantes divinos. Ninguna maldad se escondía entre los tallos firmes y las hojas fragantes, solo Pan. Este dios (de patas peludas y con pezuñas, dos cuernos en la frente, una sonrisa malsana en el rostro barbudo) esperaba pacientemente, bebiendo de un odre de fino cuero. Ananké había decretado, tiempo atrás cuando el mundo recién se animaba a andar, que su triste papel en la existencia consistía en asustar a todo ser racional que osara invadir el bosque. Ante su presencia han huido miles, incluso dioses de altivos rostros. Pero otra misión, otro papel más secreto y más glorioso, recaía sobre los hombros de este dios: todo el paganismo, con sus vastos límites, llameaba en su corazón. Él, en realidad, no lo sabía; pero Zeus, el Olimpo, las Parcas y hasta la mismísima Ananké tenían origen y fundamento en su alma, que era tosca como el vómito de Dionisio.
Pan esperaba, como siempre. Pero algo diferente había en el medio, algo que inquietaba a su nariz y a sus oídos. Quizás era el excesivo silencio del lugar o esas fragancias nuevas que comenzaban a extender sus dedos de éter sobre el aire verde. Algo se acercaba. Pan sonrió, pero su sonrisa no era la de antaño.
No sintió los pasos pero sí la presencia. Y cuando la enfrentó, al saltar desde un árbol ancho y viejo, su sonrisa se escapó como un insecto que huye de la muerte. Primero, porque el ser que estaba delante suyo no se inmutó (todos huían al ver su expresión, su fealdad, sus ojos enfermizos, su boca lasciva); segundo, porque aquel ser era extraño a su mundo. Un rostro de mujer coronaba un brillo inefable, una luz blanquísima con dos alas y una trompeta del material de las estrellas: un serafín en toda su gloria.
-vengo a anunciarte algo, dios Pan-dijo el serafín con una voz híbrida de arpa y de timbal, de relámpago y de trueno.
-¿Quién sos?-preguntó Pan con su voz tosca o de siringa desafinada.
-soy un humilde servidor de Dios, del único, aquel que todo lo ve desde el Empíreo, y vengo a anunciar tu muerte. El señor Jesucristo ha nacido y vos tenés que morir. Una nueva era comienza y nos pertenece.
-pero no es mi tiempo aún, todavía me queda una eternidad para seguir asustando y embriagándome y haciéndole el amor a las ninfas del bosque.
-nada ni nadie tiene la eternidad asegurada, ni siquiera nosotros. Ahora vendrá un tiempo de persecución y de leones hambrientos, pero luego un imperio de acero nos respaldará y, entonces, se alzarán templos aún más grandes que los tuyos, catedrales de roca y cristal que aplastarán los altares de Zeus y de Wottan; y la gente por millares en todo el mundo nos regalará su fe. Incontables guerras e instituciones de hierro irán cincelando nuestro poder y el universo será como nosotros digamos. Pero, luego de varios siglos, nosotros también nos apagaremos, y otros dioses-o Ideas-tomarán nuestro lugar para reinar sobre los hombres. Así está escrito.
Pan se entristeció. Su mirada se tornó humana y hermosa, mezclando tristeza y comprensión. Hay veces que la belleza es poder entender, aunque el entendimiento verse sobre la propia derrota.
-¿Y qué será de nosotros?-Preguntó al serafín maldito, casi en un ruego.
-seguirán existiendo pero en recuerdos, en leyendas, en cuentos, en libros en voces de ancianos. Seguirás asustando pero en bosques oscuros de mito, en mundos de tinta, dentro de un cosmos infranqueable. Allí estarán también los Titanes arrojando montañas y Sigfrido escuchando el dialecto de los pájaros; Medea y su locura, Helios en su carro de oro y Teseo perdiéndose en las entrañas de Asterión; Odín y su hidromiel absoluto y el cuerpo de Osiris navegando por el Nilo. Serás nada pero no olvido.
-¿Debo estar contento?
-simplemente debes estar, donde te corresponde. Algún día te acompañaremos. Ahora, vete. Ya es tarde.
Y entonces el bosque presenció en su pasividad verde cómo unas brumas comenzaron a elevarse en el aire, mezcladas con cenizas y lágrimas. La piel del ser pagano, del dios que era todos los dioses, se unió al aire en un abrazo de muerte, un humo con sabor a nada. Un trueno desgarró el mundo y todo fue llanto o risas: Pan había muerto. La trompeta del serafín cantó la gloria de Dios, del único dios, y luego el ser se elevó hacia el Empíreo (donde antes estaba el Olimpo y Asgard), dejando una estela de luz...

martes, 13 de mayo de 2008

Cosmogonía II


La Idea estaba antes que todo. En un espacio de éter puro y agua fresca, un océano primordial donde todo lo que iba a ser ya era, la Idea se disponía a ordenar los elementos. Es que el ser depende de una conciencia que lo configure como tal. La Idea era esa conciencia, una conciencia clara y precisa, absoluta, puro pensamiento. Un observador mental, un ojo no físico hecho de la materia con que se construyen las almas. Con los dos elementos existentes comenzó a trabajar, con agua y éter. Primero construyó una fortaleza de cristal en el centro del espacio, un sol negro que sería la fuente de poder del universo. De allí, las estrellas y sus hijos de roca fueron paridos por explosiones espectaculares-como finales orgiásticos de poemas sinfónicos, vientos y timbales y órganos chocando con ese silencio en donde todavía se percibe la magia de la batuta-. Millones de estrellas y mundos tomaron su lugar en el espacio ante la atenta mirada de la Idea, que pensaba las leyes que gobernarían ese reino. La gravedad, el caos, la luz, las reacciones de los elementos, las almas y sus prisiones de carne. Porque el universo, para existir, para seguir existiendo, necesitaba más observadores. Por eso la Idea pensó a las razas. Por eso las almas llovieron sobre ciertos mundos aptos para soportar los cuerpos y su compleja biología. Extensiones de su conciencia. En general, en el tercero o en el cuarto planeta de los sistemas estelares, fueron naciendo diversas razas que configuraron, con su pensamiento, dado que eran parte de la Idea, los diversos entes sometidos a su cotidianeidad (que es la observación sobre el devenir; la Idea, en cambio, observa en un eterno presente). Muchos siglos pasaron y así el universo creció, alimentado por las razas, cada vez más inteligentes y seguras de la realidad. La Idea sigue pensando el mundo pero este, en última instancia, es responsabilidad de las almas. Muchas razas, por no comprender que eran parte de algo más grande, se extinguieron; otras, en cambio, alcanzaron la gloria de la Idea e hicieron de su porción del cosmos un paraíso; y unas pocas, como la nuestra, siguen luchando, siguen buscando lo correcto aunque les cuesta entender el propósito que las impulsa. Dichas razas siguen llamando Dios a la Idea.

martes, 6 de mayo de 2008

Diálogos II


Señor Gris: lindo día, ¿No?
Joven Azul: odio las trivialidades. El clima o la configuración del cielo no nos pertenecen. Hablemos de cosas humanas.
SG: bueno, pero el clima es humano. Sin humanidad no existiría el clima, solo fenómenos desnudos de reglas, sueltos.
JA: usted me entiende. Quiero decir, no hablemos del mundo de afuera, hablemos del mundo que se esconde en lo hondo, donde las significaciones son fuertes y únicas.
SG: está bien. Ayer maté a alguien.
JA: bueno, eso está mejor.
SG: nunca había matado a nadie. Siempre imaginé que como hombres nosotros no tenemos derecho a matar. Ese privilegio solo les pertenece a los inferiores. Pero lo hice. Porque sí. Me abracé al cuchillo como a un templo y hundí mi mano en el pecho de esa mujer. No gritó. Supongo que entendió mis razones, aunque no las tuviese.
JA: le digo: primero, el hombre es el único que mata, el único que entiende lo que es quitar una vida. Los animales matan por instinto, es decir, la naturaleza los obliga a matar. El hombre, en cambio, al matar, sabe que está negando al otro y, en ese acto elemental, a su vez, se niega a si mismo. El que mata, se mata, se suicida, niega su condición de ser libre, y lo hace sabiéndolo; segundo, por lo tanto, no creo que usted no tuviera razones para hacerlo.
SG: no le miento. Fue automático. No pensé. Solo fue el cuchillo, mi mano y la Muerte llenando los ojos de esa mujer. Si lo racionalizo supongo que quería probar que me asquea el mundo, que somos nada reproduciendo nada todo el tiempo y que Dios dejó este barco hace mucho tiempo. Ahora voy a matarme. Cuando este tren llegue a la Terminal yo también probaré las sabanas del olvido.
JA: ¿vio? Después de todo, razones tenía. Fuertes razones. Bueno, acá me bajo. Que siga bien, señor, y que del otro lado comprenda que el mundo no es tan malo.
SG: el mundo es lo que es. Somos nosotros los malditos. Yo, por mi parte, no molestaré más. Que siga bien. Nos vemos del otro lado…

lunes, 28 de abril de 2008

Microcosmos VI




I
Códigos y biblias y tratados y cánones y doctrinas y evangelios fueron devorados por el incendio descomunal del 8907 (un atardecer en el fango). Desde ese día el mundo es más sano.

II
Luego de un océano violento Dramac el Conquistador llegó a las Tierras de Nark. Dicen que allí lo conquistaron unos seres desprovistos de palabra y de odio.

III
En el centro de la galaxia se esconde Dios tras un dado gigante.

IV
El fuego tuvo un hijo. Le decían Humo. Creó muchos reinos pero era tan débil que sus tierras se fueron apagando con el correr de los siglos. Su padre no lo perdonó.

V
Un dios me trae droga todas las noches. Las fantasías son hermosas y reales, una neblina con sabor a cristal. Su nombre es Morfeo y le pago con monedas de tiempo.

VI
La Tierra recibiendo una lluvia de rocas y de fuego, una atmósfera débil y Pan apoderándose de las ciudades: una de las maneras de Dios para decir se acabó.

VII
Nenes disfrazados con armaduras jugando con átomos. Luego, nubes de hongos rojos llenando la realidad: otra despedida divina.

VIII
La sangre de las ratas, ríos que tienen títulos de propiedad sobre las calles. Primero, una tos, y después uno tiene que sacarse la piel porque quema. El vacío saluda al género humano.

IX
Un niño destruirá a la Humanidad. Solo denle una espada, algún humo alucinógeno y niéguenle los frutos del árbol de la ciencia.

X
No nos extinguiremos nunca. La eternidad es ahora y es nuestra…

martes, 22 de abril de 2008

Preludios


I
Un rey, miles de soldados brillantes,
Miles de caballos con cuernos,
Cientos de elefantes orgullosos,
Aparatos de ciencia y muerte,
Un bosque ya acabado,
Un prado de fuego, humo sofocante,
Una ciudad escondida
Tras una muralla de marfil y oro y plata y acero,
Cúpulas hermosas, templos felices,
Bibliotecas repletas de tratados soberbios
Y poemas nostálgicos,
Arcos y estatuas y palacios que ahora tiemblan.
Otro rey, no tantos hombres pero hay fuego en sus almas,
Arqueros en torres de orgullo esperando ser un acantilado
Que detenga esa marea de metal,
Esas olas hechas de espadas inevitables,
De armaduras construidas con odio y fuego.
Un mar brillante avanzando en falanges de muerte,
Trompetas gritando el nombre de los dioses.
La batalla comienza.
Los dos reyes sonríen.
Los soldados quieren morir.
La batalla comienza.

II
Un arpa queda comienza su paseo. Se suman luego unas cuerdas taciturnas. Suben una escalera, de a poco. Algún oboe les susurra algo, luego un timbal de voz divina, voz de trueno, voz de Júpiter. Los acompaña sin cansarse, persistente, como le enseñaron. Viene un órgano y se hace el rey. Lo respetan. Una fuga, notas que se repiten. Opina una tuba, con miedo. Luego unas trompetas y unos trombones gritan y el caos parece amigarse con un clavicordio borracho. Quizás no este a gusto. El clavicordio no se entiende con el bajo continuo, el órgano sube más rápido, más agudo; el timbal cae, las cuerdas se tropiezan, algunos vientos dudan. Comienza la Suite del Caos en do mayor de Dios.

III
Una plaza arropada por los vientos del atardecer. Algunos niños juegan en las estructuras de metal, sucias y urbanas. Las madres repiten las mentiras de la tele, de la cotidianeidad. Unos jóvenes se pasan una pelota, se olvidan de sus días, solo la plaza, la pelota y los amigos. Unos viejos batallan en un ajedrez añejo. El mundo está en juego y solo queda una dama, la negra. Otros se pierden en un mazo de truco, de envido, de real envido. Está en juego una botella de buen tinto y un sándwich. Algunos miran los árboles, los conmueve su soledad, su respiración musical, la brisa jugando con sus ramas tristes pero longevas. Hay perros también, en un mar sin tiempo. Y palomas que se quieren ir a dormir luego de una jornada de mucha miga. En eso, la noche desciende con su capa de astros y sus alas de amapolas y su piel de sábanas de seda…

martes, 15 de abril de 2008

Diálogos


Aquiles: hola Menecio.
Menecio: hola Aquiles. Hermoso el día que nos regalan las Horas y los dioses de frescas caras.
A: en verdad. Solo un día como este merece ser recordado hasta que el fin decida cerrar las cortinas.
M: es cierto, rey de los mirmidones bravos.
A: ¿Te vas a Troya?
M: no, me quedo con mi esposa y mis hijos, me necesitan más que una ciudad extranjera.
A: no entiendo tus razones. La nación es la primera y única familia. Ese mar de espadas es lo único que importa.
M: la guerra es para los débiles. El amor de mi hogar es el fuego que necesito.
A: ¿acaso no temes que te consideren un cobarde?
M: las voces de la Fama son vanas y traicioneras. Prefiero la lengua de mi esposa cuando me ofrece su miel.
A: yo quiero los gritos de mil hombres y los cantos de los bardos escupiendo mi nombre entre los suspiros de una lira. La eternidad tendrá mi nombre como una joya costosa.
M: la eternidad no sabe de humanos. La eternidad se cansa por el peso de los siglos, que entierran muchas razas.
A: la muerte es más dulce en batalla.
M: es más dulce en un lecho suave, junto a tu diosa personal.
A: al Hades no le gustan los ociosos.
M: mi alma estará en paz, siempre. El Hades me recibirá con brazos de opio y sonrisas sinceras. Me recibirá como a un filósofo o como a un guerrero que perdió la vida por su suelo. Los jueces me juzgarán bien. La justicia real no discrimina.
A: serás un alma cobarde, gris, amarga, sin escudo, sin lengua, sin el óbolo necesario.
M: tendré la moneda más importante: el recuerdo de una vida de paz y de las sonrisas doradas de mis seres queridos.
A: qué equivocado que estás. Lamento que seas de esta tierra. Que los dioses se apiaden de tu esencia.
M: no soy griego. Soy humano y amante y padre y labrador. No importa nada más. Que los dioses velen tu destino.
A: mis barcos están esperándome. Debo irme. Te deseo lo mejor, Menecio, hijo de Arges. Ojalá tu alma encuentre el camino.
M: igualmente, Aquiles, hijo de Peleo, pero te repito: mi alma hace rato encontró la senda. Que pelees y mueras bien. Recuerda: Troya no importa, solo los hombres y sus almas de oro…

martes, 8 de abril de 2008

Microcosmos V


I
Un mundo nace de una flor que plantó un ángel. Durará un día o miles de siglos pero insectos abismales le quitarán el sabor, y tarde o temprano, esa flor apenas será cenizas en un jardín de sombras.

II
Universos Paralelos S. A. le proveerá fantasías diversas. No nos hacemos responsables por el caos de su alma.

III
Una Tierra sin fronteras. Amor libre en las calles sin asfaltar. Sin autoridades con brazos de hierro. Tribunales y templos reducidos a escuelas. La guerra como un mal recuerdo.
Una humanidad que durará siglos. Qué linda imagen descendió de una nube de amapolas.

IV
Otro mundo. Un mundo de vino. Baco sentado en un trono. Los muros son de vino. El mar es de vino. El cielo es de vino. Sátiros y Bacantes y Faunos y Silenos reinan en las provincias, que también son de vino. La India es solo el centro del Cosmos. Cosmos dionisiaco.

V
El universo es solo esta tierra. No. Es solo lo que veo y siento ahora, en este lugar. No hay nada más.

VI
Fumaba el rey Diocá en un palacio hecho de hadas y elfos. Tres esclavas le hacían caricias de relámpagos a su esposa la reina. En un laberinto hecho de sangre, más allá del jardín, el mundo pedía comida y tabaco.

VII
Cosmos infinito. Lleno de galaxias y energías absurdas. Razas que mueren y nacen y mueren. Solo una pila que impulsa un juguete en el escritorio de Dios.

VIII
Un Mundo le dice a otro: che, estoy cansado, tengo millones de seres que se matan entre sí y arruinan mi piel. El otro responde: qué emocionante, yo estoy vacío…

IX
Mareas que me comen como lenguas. Son solo los dioses que olvidé detrás de un mundo condenado a morir.

X
Dios, luego oscuridad. Caos, luego Orden. Sueños, luego existe la vigilia en la cual veo mis pensamientos. Pienso, dudo, siento; luego ¿Existo?

domingo, 30 de marzo de 2008

Cosmogonía


En un principio, el Caos reinaba sobre todo. La confusión era absoluta: la luz batallaba con la oscuridad; el Infierno era un arpa dulce que tocaba el éter; la luna era el sol; el sol era la luna y las lunas; las estrellas estaban tiradas en la arena; el mar, el océano y los ríos se abrazaban en el cielo y cantaban cacofonías; el rayo y el trueno eran suaves murmullos; los planetas eran rocas de gas suspendidas en el vacío; el fuego helaba y el hielo tosía lenguas bermejas; los pensamientos eran de carne y estaban libres.
Caos se asentaba en un hueco ubicado encima del universo caótico de entonces. A toda hora mandaba a sus duendes, los Caóticos, a desordenar más todo lo que existía. Hasta que un día, desde el sur llego Cosmos y logró desterrar a Caos, enviándolo al vacío más allá del universo: la Nada.
Una larga y agotadora batalla enfrentó a estos dos dioses y a sus respectivos ejércitos: los Caóticos y los Cósmicos; una dura guerra que logró estremecer los cimientos del reino superior del Metacosmos, el universo-dios perpetuo. El rey de este mundo ideal finalmente concedió la victoria a Cosmos y le ordenó que construyese un universo nuevo allí donde había ocurrido la guerra. A Caos lo mandó a la Nada, que está separada del orden por una barrera de antimateria.
Cosmos comenzó a trabajar inmediatamente. Primero separó cielo, infierno y tierra. Después, el agua, el aire y el fuego. Pintó galaxias y despertó planetas. Los dotó de atmósferas y corazones de llama. Creó lunas y soles y escribió las leyes necesarias para evitar que lo caótico volviese. Luego se detuvo en la Tierra y la embelleció; la colmó de frutos, valles, montes, praderas, bosques, faunos, animales, etc.
Cuando todo estuvo perfecto decidió crear una forma de vida que pudiese pensar, que pudiese entender su propósito. Caminando sobre el sol vio a un Cósmico; con solo una mirada lo transformó en un ser de luz pura, un ángel, para que morase con él en el empíreo, una región del cielo que está por debajo del Metacosmos. Del mismo modo obró con todos sus súbditos y formó así legiones de legiones para comandar el incipiente mundo.
Pero desde el vacío se escaparon los Caóticos y se transformaron en entes de noche, en demonios; así tuvo lugar una vez más la guerra que colmó con su violencia el cosmos recién establecido, la guerra que Milton recrea en su Paraíso Perdido; la Titanomaquia de los griegos y el Ragnarok de los nórdicos. Muchos siglos pasaron y al fin Cosmos venció definitivamente. Solo quedaban dos seres: un Caótico y un Cósmico. Entonces el dios del orden, ante una sugerencia de Metacosmos, los separó por la mitad y los mezcló, creando de ello un par de seres nuevos: un hombre y una mujer. Los hizo morar en la Tierra y les ordenó tener una gran descendencia.

Así, amigos míos, nació el género humano…

domingo, 23 de marzo de 2008

Microcosmos IV

I
Qué es todo lo creado sino el reflejo de lo no creado.

II
La vida es el despertar de un sueño de sombras; la muerte, el despertar de la vida. O mejor dicho: la vida es una flor-o una rama-; la muerte, un árbol.

III
Un abismo de enfermos entes trajo a Lovecraft al mundo. Él no creo nada, solo recordó sueños anteriores a su luz.

IV
Detrás de esa calle había un laberinto. Como una ciudad, devoraba toda la basura.

V
Holmm el Inocente lloró al ver a miles de niños entre sátiros y abejas de sangre. Luego recordó que él los había llevado hasta ahí. Dicen que abrazó a su espada con mucho amor.

VI
El océano aprieta a la tierra en los límites. Al norte, un infierno de hielo. Al sur, unas islas de cristal. Los demás extremos son sostenidos por gigantes humanistas que le tienen mucha paciencia al hombre. Si se cansaran, el cielo haría el amor con el mundo.

VII
Odín y Thor jugaban al ajedrez. Odín dominaba todo el centro y se preparaba para amordazar a la reina cuando un caballo-elefante de Thor lo paró en seco. Jaque mate. Odín le dio la mano a su hijo y le sirvió hidromiel y mujeres hermosas.

VIII
Naves y naves pretendieron hacer entrar en razón a César-emperador del Universo-. Solo sirvió un libro y una nueva mitología.

IX
Dios es una piel que recubre las galaxias.

X
Dios está muerto. Se suicidó hace unos momentos.

sábado, 15 de marzo de 2008

La Manzana




-Come, Adán, de este delicioso manjar. Es sabroso, más que cualquier otro fruto etéreo, y nos hará elevar hacía el empíreo, llenando cada vena de nuestros cuerpos con alas de seda. Come, Dios nos perdonará, no te preocupes por eso. Quizás hasta seremos poderosos por probarlo, más poderosos que Él, y tomaremos por asalto su palacio de plata y lo destronaremos y lo exiliaremos a la oscuridad del Orco. Come. Regocíjate con cada bocado y llénate de su delicioso zumo, portador de la ciencia que nos hará libres. Come, y olvídate de las dudas que estancan tu alma, olvídate del aburrimiento que nos provee el paraíso y anhela con ardor las praderas cristalinas que nos esperan en las alturas. Come, y sé feliz; sé éter y fuego y vientos de verdad. Come, y sé Humano.-así dijo Eva, mientras le alcanzaba a Adán la manzana del Cosmos.
¡Y aquí estamos! Ellos residen en el último de los cielos porque fueron perdonados, pero nosotros estamos acá, atados a las cadenas del devenir. Pero no importa ¿acaso no seria aburrido vivir una eternidad rodeados de la opulencia del paraíso? ¿Acaso no es desafiante y divertido vivir la vida, probar sus sinsabores, sus caídas, sus templos? Debemos agradecer a Eva por librarnos del pedante edén. Debemos agradecer la manzana que nos legó la luz.
Primero, amigos y enemigos, permítanme describir el árbol padre de la fruta. Se encuentra en medio del vetusto jardín que está más allá del Tiempo. Se erecta tan soberbio y tan alto que parece sostener en su copa la bóveda celeste. Su tronco y sus ramas están hechos de un material divino que se parece en fulgor al sol y a los astros de la noche. La brisa al pasar entre sus tenues brazos susurra verdades absolutas vedadas al oído humano. Este solo escucha un concierto etéreo de laúdes, arpas, clavicordios, violines, cellos, órganos y coros de serafines. Las hojas del árbol poseen la palidez de la luna, el brillo níveo de la piel de Tetis, el color de las ropas de una Vestal. Una lluvia de néctar lo riega, servida por doradas nubes en deliciosas tempestades, una danza entre el rayo de faz blanca y el trueno de voz ronca y el viento de ásperos rizos. También el rocío complementa al árbol, esas lágrimas de la Aurora en honor a su hijo, lágrimas rosadas que besan cada hoja y cada rama.
Y su flor, ¡Qué Belleza! Tan solo comparable al rostro femenino o al sutil recuerdo de un sueño perfecto ya olvidado o a un atardecer pintado con los colores de los demás atardeceres. Sus pétalos son del color del índigo y su aroma es la esencia de la brisa primaveral y su sangre alimenta a abejas de oro y mariposas de zafiro.
Ahora sí, la manzana, el fruto que nos arrancó violentamente del paraíso, que nos ató a la fortaleza del Hado y nos regaló el poder de la ciencia. Brilla con un fulgor verde similar a las aguas de un océano cálido. Cuelga de las incontables ramas doradas y es acariciado por el viento de dedos eróticos, quien ama secretamente. En su interior duerme el pecado digno de cometer, la lujuria digna de sentir, la tentación digna de probar, la ciencia digna de saber y el reto digno de afrontar.
Yo lo he probado también, y créanme cuando digo que no hay nada más real que aquel fruto. Me dio todo, incluso la certeza de que existo. Cuando lo probé, sentí la inmensidad, el cosmos y sus puentes, la música infinita de los ángeles, todos los vinos, todos los libros, el plan de Ananké, los demás cielos. Y aquí estoy. Bendiciendo la condena que me apresa en este instante que ya se va, agradecido de esta vida que se escapa pero que es tan real como cualquier otra. Mientras canto sé que lo que me espera es un infierno, un infierno dulce y de paredes de hierba. Gracias Adán, Eva, Dios. Gracias por hacerme Humano…

martes, 11 de marzo de 2008

Mitologias


I
Antes de la nada estaba el Caos. Era un dios infinito y complejo, perezoso, que gustaba de estar echado sobre un colchón de vientos o lanzando rocas inmateriales hacia los límites de su reino. Este dios no poseía conciencia; solo era, solo existía, y su devenir no tenía un propósito: era más bien un preludio, una espera, una condición para algo más.
En un no-momento (pues no existía el tiempo) el Caos comenzó a disolverse, se mezcló con cierta bruma que salía de una fisura en el espacio-vacío-caos y se transformó en otra cosa: se transformó en Orden, en Cosmos.

IV
Estaban los dioses en el techo del universo, debatiendo sobre algunas creaciones. Tërium, dios del espacio, el que todo lo entiende, decía que había que formar algunas galaxias en el Norte Alto, y dos o tres planetas con vida inteligente en dicho sector. Zërium, dios de la moral y de las regiones donde penan los criminales, aludió a la necesidad de escribir más códigos y normas para las razas existentes; y a la creación de un par de islas temporales para aquellos que cometiesen los crímenes mas horribles, aquellos dignos del odio divino. Fërium, dios del placer y guardián del palacio de incienso, quería crear algunos planetas con atmósferas de narcóticos y vientos embriagantes. Dërium, dios de la guerra y de la sangre, sugirió poner en algunos mundos de paz razas de acero y fuego, seres belicosos que no respetasen la misericordia.
Luego de un muy largo debate, en donde también participaron otros dioses, se decidió crear la Tierra y a todos sus seres.

XII
…Las murallas recibieron con asco
Las oleadas de metal y fuego,
Carne iracunda,
Carne de sombras.
Eótinn gritaba con ardor
Y sus flechas certeras mancillaban
El acero enemigo, que temblaba.
La roca cedía, los gritos se cosechaban,
Los caballos y dragones y las máquinas de muerte
Corrían en un mar de humo, entre llantos.
Y los dioses solo miraban,
Escuchaban,
La sinfonía del dolor,
La canción roja…

(Fragmento de la Eónida, canto V)

XX
En un planeta desierto
El dios Mor sabe que va a morir.
Lo llevaron ahí hadas de miedo,
Para que el mundo de caos
Lo devorase.
Él se sienta y respira.
Cada pensamiento lo acaricia
Y lo acompaña,
Y le da las llaves de la no-existencia.
Esta en paz, abrazado a una espada
Que añora tiempos más rojos.
Su única compañera,
Desde los pecados que cometió.
Mira al cielo, que es gris y débil.
Respira por última vez…

(Saga de Mor, canto final)

martes, 4 de marzo de 2008

Primer Paso

Un primer paso que en realidad es un paso más, o un paso menos, hacia eso que es irremediable: la muerte o los lectores...

Sonidos (hay mucho para escuchar)

Paraiso Perdido

Paraiso Perdido