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martes, 6 de mayo de 2008

Diálogos II


Señor Gris: lindo día, ¿No?
Joven Azul: odio las trivialidades. El clima o la configuración del cielo no nos pertenecen. Hablemos de cosas humanas.
SG: bueno, pero el clima es humano. Sin humanidad no existiría el clima, solo fenómenos desnudos de reglas, sueltos.
JA: usted me entiende. Quiero decir, no hablemos del mundo de afuera, hablemos del mundo que se esconde en lo hondo, donde las significaciones son fuertes y únicas.
SG: está bien. Ayer maté a alguien.
JA: bueno, eso está mejor.
SG: nunca había matado a nadie. Siempre imaginé que como hombres nosotros no tenemos derecho a matar. Ese privilegio solo les pertenece a los inferiores. Pero lo hice. Porque sí. Me abracé al cuchillo como a un templo y hundí mi mano en el pecho de esa mujer. No gritó. Supongo que entendió mis razones, aunque no las tuviese.
JA: le digo: primero, el hombre es el único que mata, el único que entiende lo que es quitar una vida. Los animales matan por instinto, es decir, la naturaleza los obliga a matar. El hombre, en cambio, al matar, sabe que está negando al otro y, en ese acto elemental, a su vez, se niega a si mismo. El que mata, se mata, se suicida, niega su condición de ser libre, y lo hace sabiéndolo; segundo, por lo tanto, no creo que usted no tuviera razones para hacerlo.
SG: no le miento. Fue automático. No pensé. Solo fue el cuchillo, mi mano y la Muerte llenando los ojos de esa mujer. Si lo racionalizo supongo que quería probar que me asquea el mundo, que somos nada reproduciendo nada todo el tiempo y que Dios dejó este barco hace mucho tiempo. Ahora voy a matarme. Cuando este tren llegue a la Terminal yo también probaré las sabanas del olvido.
JA: ¿vio? Después de todo, razones tenía. Fuertes razones. Bueno, acá me bajo. Que siga bien, señor, y que del otro lado comprenda que el mundo no es tan malo.
SG: el mundo es lo que es. Somos nosotros los malditos. Yo, por mi parte, no molestaré más. Que siga bien. Nos vemos del otro lado…

martes, 15 de abril de 2008

Diálogos


Aquiles: hola Menecio.
Menecio: hola Aquiles. Hermoso el día que nos regalan las Horas y los dioses de frescas caras.
A: en verdad. Solo un día como este merece ser recordado hasta que el fin decida cerrar las cortinas.
M: es cierto, rey de los mirmidones bravos.
A: ¿Te vas a Troya?
M: no, me quedo con mi esposa y mis hijos, me necesitan más que una ciudad extranjera.
A: no entiendo tus razones. La nación es la primera y única familia. Ese mar de espadas es lo único que importa.
M: la guerra es para los débiles. El amor de mi hogar es el fuego que necesito.
A: ¿acaso no temes que te consideren un cobarde?
M: las voces de la Fama son vanas y traicioneras. Prefiero la lengua de mi esposa cuando me ofrece su miel.
A: yo quiero los gritos de mil hombres y los cantos de los bardos escupiendo mi nombre entre los suspiros de una lira. La eternidad tendrá mi nombre como una joya costosa.
M: la eternidad no sabe de humanos. La eternidad se cansa por el peso de los siglos, que entierran muchas razas.
A: la muerte es más dulce en batalla.
M: es más dulce en un lecho suave, junto a tu diosa personal.
A: al Hades no le gustan los ociosos.
M: mi alma estará en paz, siempre. El Hades me recibirá con brazos de opio y sonrisas sinceras. Me recibirá como a un filósofo o como a un guerrero que perdió la vida por su suelo. Los jueces me juzgarán bien. La justicia real no discrimina.
A: serás un alma cobarde, gris, amarga, sin escudo, sin lengua, sin el óbolo necesario.
M: tendré la moneda más importante: el recuerdo de una vida de paz y de las sonrisas doradas de mis seres queridos.
A: qué equivocado que estás. Lamento que seas de esta tierra. Que los dioses se apiaden de tu esencia.
M: no soy griego. Soy humano y amante y padre y labrador. No importa nada más. Que los dioses velen tu destino.
A: mis barcos están esperándome. Debo irme. Te deseo lo mejor, Menecio, hijo de Arges. Ojalá tu alma encuentre el camino.
M: igualmente, Aquiles, hijo de Peleo, pero te repito: mi alma hace rato encontró la senda. Que pelees y mueras bien. Recuerda: Troya no importa, solo los hombres y sus almas de oro…

Sonidos (hay mucho para escuchar)

Paraiso Perdido

Paraiso Perdido